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Feb 22, 2017

La calle de las letras

LA CALLE DE LAS LETRAS

Silvia Cordero Vega

Versión en español de la nota de tapa para la prestigiosa revista Letters Arts Review en su edición 28.1

Una de las cosas más bellas para un amante y creador de letras es sin duda alguna realizar un nuevo proyecto que ofrezca un desafío.

Así fue que tuve la suerte de ser invitada una vez más por Casa FOA, la prestigiosa feria de diseño, arquitectura, decoración y paisajismo y una de las más importantes que se dan en Buenos Aires todos los años.

Lo inusual y atractivo de cada feria es que un edificio emblemático de la ciudad es sometido a una nueva posibilidad de geografía arquitectónica, montando para cada ocasión una nueva y renovada propuesta diseñada por cada uno de los expositores invitados.


En esta oportunidad la feria se realizó en el Centro metropolitano de diseño ubicado en el  barrio porteño de Barracas siendo  titulada Casa FOA – Mercado del Diseño 2011.

Esta vez fui convocada para intervenir un espacio urbano donde la caligrafía pudiera ser reconocida e integrada al entorno. Mi propuesta fue realizar un recorrido lúdico lleno de escrituras, sobre soportes muy simples como cartón y papel sugiriendo a los visitantes interactuar.


Junto al equipo de Casa FOA pensamos siempre en la idea de un bosque, misterioso e intricado. En mi mente aparecían cosas muy complejas y de mucho presupuesto y tenía que lograr algo que se adaptara al lugar y a sus posibilidades. Algo de fácil armado y también efímero.

Lo interesante de Casa FOA es que para cada edición propone una interacción interdisciplinaria diferente y hay una serie de colaboradores y sponsors que son vitales para que cada proyecto se lleve a cabo.


No podía creer que uno de los colaboradores fuese POMADA. Así fue que me reuní con ellos y les conté mi vaga propuesta hasta ese momento. A partir de ahí me mostraron un sistema de módulos encastrables de cartón corrugado, excelentes por ser livianos y compactables, de fácil traslado y almacenamiento, novedoso y encastrable, sin uniones mecánicas, pudiéndose reutilizar o reciclar.

El concepto “bosque” tenía su primer aliado a través de esta estructura temporal de cartón corrugado.

Por otro lado, sentía la necesidad de reforzar cierta sutileza que tiene para mi el bosque y pensaba en resolverlo con algo más escenográfico. Para esto convoqué a mi amigo y gran artista Masao, maestro fundamental en la enseñanza del origami en Argentina. Fui a su bello negocio ORIGAMITECA emplazado en el barrio de Palermo, allí donde lugares de vanguardia irrumpen lo cotidiano.

Mi intención era aumentar el volumen estructural de la instalación con detalles más lúdicos y sugestivos. Masao propuso esferas intervenidas y yo unos marcos blancos  que formarían parte del recorrido.a


Luego, comencé a hacer pruebas de caligrafía sobre alguno de los módulos encastrables. La paleta elegida estaría dada por el marrón propio del cartón, el blanco y el negro. La pintura proporcionada fue látex mate. Así comenzamos, junto a Maru Cian, mi asistente, a pintar cientos de módulos de cartón, pequeños y cuadrados, medianos y grandes. Decidimos pintar solo algunos en negro, la mayoría en blanco y dejar vírgenes otro tanto. Tuvimos la posibilidad de apilarlos una vez pintados y secos, por lo cual la tarea se hizo muy ágil.


Quería una caligrafía sumamente expresiva, un poco visceral por lo cual pensé que un ruling pen podía darme esas características. Use un ruling pen LUTHIS extra grande, el cual que me permitió hacer trazos a gran escala con mucha decisión y firmeza. Por supuesto que al utilizar este gran ruling pen con un medio tan espeso sobre una superficie rugosa e irregular, los trazos no serían tan uniformes y darían un carácter más provocador y a la vez sugestivo.

Paralelamente a la caligrafía, diseñé un alfabeto de letras dibujadas que también se encastraban y fusionaban armando una textura. Así como la flora y fauna de un bosque, todas las letras (caligráficas y construidas) recrearían el espacio con sus distintas tipologías permitiendo convivir diversos lenguajes visuales, uno más orgánico y otro más geométrico.

Este alfabeto se convirtió en la  imagen visual de mi espacio, espacio llamado simplemente “Calle de las letras”.

Una vez que todo el material estuvo listo vino la etapa del montaje junto con la gran ayuda de POMADA, el asesoramiento del diseñador José Luis Zacarías y por supuesto todo el equipo de Casa FOA. Con todos los módulos de cartón ya intervenidos armamos la estructura principal, acompañada por los marcos y las esferas suspendidas desde lo alto, dejando como posibilidad que se mecieran con el movimiento natural de los transeúntes.

La calle de las letras, el espacio número 23 fue planteado como un recorrido sensorial donde el espectador pudiera ser atraído con la misma fuerza y el encanto de un bosque.

Este proyecto fue llevado a cabo gracias a los siguientes colaboradores:

POMADA
ORIGAMITECA
LUTHIS

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